viernes, 26 de enero de 2007

Volar: derecho y disciplina

Existen dos técnicas de aprender que pueden convertirlo en un ‘pájaro humano’

Volar es un derecho que muy pocos se atreven a ejercer. El que se decida puede hacerlo de dos maneras: tener la experiencia como pasajero o aprender la técnica y convertirse en piloto.
Aprender a volar sin motor exige lo que cualquier otra disciplina, y el ala delta y el parapente son las técnicas más usadas en la actualidad.
Tal y como lo define la Federación Aeronáutica Internacional (FAI) en su Código Deportivo, un ala delta es un planeador que puede ser transportado, despegado y aterrizado con la única ayuda de las piernas del piloto.
Por su parte, volar con un parapente es hacerlo en una ala no rígida derivada de los paracaídas cuadrados. De hecho, la palabra parapente se deriva de paracaídas de pendiente y se conoce la práctica de este tipo de vuelo como vuelo libre. Hoy en día los parapentes no pueden utilizarse para saltar de un avión, pero presentan gran maniobrabilidad, seguridad y accesibilidad.
Si se anima a convertirse en un ser alado y competir con las aves, a continuación le explicamos cómo puede lograrlo.
Para volar se necesita un conjunto de elementos: ala, casco, radio de comunicaciones o teléfono, buena instrucción y un buen clima.
Los estudiantes que quieran convertirse en pilotos deben realizar varios vuelos de baja altura primero en la playa o en un montículo para así adquirir la destreza en dos momentos definitivos: el despegue y el aterrizaje.
Cuando el alumno ya está preparado, abandona la playa para despegar los pies desde una montaña tan sólo dirigiendo la aeronave en dirección contraria al viento y caminando o corriendo hacia el filo de la montaña.
Dependiendo de la intensidad del viento, que nunca debe ser mayor de 30 millas por hora, el piloto se entrega al cielo y el aire se convierte en su sostén gracias al calor del Sol.
A unos 45 minutos del centro de la ciudad de Los Ángeles se encuentra el despegue de Kagel, en Sylmar, territorio de 185 pilotos de ala delta y 10 pilotos de parapente que conforman la Asociación de Aladeltistas de Sylmar, fundada en 1969.
Aquí se encuentran dos leyendas de la instrucción y padres del vuelo en California: Hungary Joe y Joe Greblo, instructores por más de 30 años en la zona.
Hungary Joe llegó de Hungría a Estados Unidos como refugiado político. Desde 1975, este instructor ha estado volando ala delta y fue piloto de competencia durante siete años en su país de origen.
"El Húngaro", como lo llaman sus amigos, ha dedicado 18 años de vida a esta materia. Algunos de sus alumnos están en los primeros puestos de la lista mundial en competencias que se realizan en varias partes del mundo.
Definitivamente, su personalidad y experiencia lo hacen preferir a pilotos que quieran mejorar su técnica de vuelo a distancia y sus clínicas de instrucción de vuelo están principalmente en Oregon, Colorado y California.
Es el primer vuelo en un parapente para Daniel, un venezolano que desde pequeño, cuando descubrió que en su país se practicaba parapentismo y ala delta, ha tenido las ganas de practicarlos; en California se le cumple su deseo.
Confiesa que está nervioso. Con su casco y arnés puesto debidamente amarrado, y después de recibir la instrucción necesaria (30 minutos de gran entretenimiento), se decide a despegar con El Húngaro.
En este despegue de 3,545 pies de altura es muy común ver a Joe Greblo, la otra gran leyenda de este lugar. "La vida de un instructor es de montaña y cielo", cuenta.
Greblo lleva volando alas delta desde 1972 y calcula que ha formado a más de 800 pilotos; cuenta con la suerte de tener su escuela en Redondo Beach, en el sur de California, donde enseñar es su sueño hecho realidad.
Como quien disfruta mucho lo que hace, comenta: "Las habilidades de un instructor se resumen en su rendimiento como piloto y en la confianza que le inspira a sus alumnos y pasajeros".
"Ser instructor es saber comunicar efectivamente lo que los alumnos necesitan aprender", concluye.
Daniel aterriza y está muy emocionado; sin embargo, minutos más tarde piensa que fue corto su vuelo. "El tiempo pasa volando cuando uno está volando", comenta.
Para que la experiencia de volar sea segura y placentera, hay que tener presente las palabras del instructor y ser responsable del conocimiento y las destrezas que exige el derecho de volar, ya sea como piloto o como pasajero.


Dejo link: http://www.laopinion.com/vidayestilo/?rkey=00000000000001103560 .

FLor!..

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