Evelyn era una caracola de mar: la playa de Punta Hermosa la prodigó de niña; fue una de las pocas adolescentes que junto con Sofía Mulanovich empezaron a correr olas; además quería ser bióloga marina... Pero le sucedió de súbito lo que en el cuento "Y mil aventuras" de Mariana Frenk: la caracola quiso volverse águila: "Salió de su concha, trató muchas veces de lanzarse al aire, y cada vez fracasó. Entonces decidió volver a su concha. Pero ya no cabía. Le habían empezado a crecer alas". En un parapente tándem, con el viento a estribor, todas las tardes, entre los 80 y 100 metros de altura, Evelyn Merino-Reyna reina.
¿Que cómo es? Es como si estuvieras sentado en tu silla y simplemente te levantes sin sentir nada a cien metros, flotando. De pronto tu cuerpo se convierte en ojos y estás solo mirando... Y ya no existe ningún pensamiento en tu mente, solo observar, desapegado de todo.Y así con la mente en blanco, ella toma fotos con la adrenalina pegándole el más atento de sus músculos --el corazón-- como cinta Scotch. No en balde, Evelyn es también surfista, jugadora de hockey sobre piso, hermana de dos antiguos futbolistas del campeón Alianza Lima, hija de madre atleta y de un basquetbolista que siempre llevaba el número 8 en la camiseta. Por eso, en su homenaje --él murió cuando ella era todavía pequeña-- tiene ese número tatuado en el hombro derecho. No en vano 8 es el número atómico del oxígeno, de las bienaventuranzas y el arcano de la Fuerza en el tarot. Cuando viajó a China le dijeron que era una marca del todo, que ella era 'todista'.
¿Que si el practicar deportes extremos me ha llevado a hacer una especie de fotografía extrema? No, yo siempre he sido una miedosa, hasta ahora tengo muchos miedos. De hecho la primera vez que vi un parapente dije yo no voy a hacer eso nunca. Pero la cuestión es observar e ir comprendiendo...
Lo mismo le pasa con el mar: lo ama con vigor, pero le tiene temeroso respeto. Fue a los 23 años cuando Evelyn regresaba de España que un amigo parapentista le dijo: "No tienes nada de qué temer, hace un viento increíble y ya que estás tomando fotos, trae tu cámara". Y desde el parque Gandhi, en Magdalena, hacia el mar, sintió que sus dos ojos cruzaban su nariz como por encima de un muro de Berlín y se abrazaban vertiginosos y libres. En tierra esa sensación de ser todo ojo y suprimir las fronteras se hizo infinita --como si el 8 de su hombro tuviera otro sentido puesto echado-- cuando llegó a su casa, vio sus fotos y sintió que la perspectiva se convertía en una rosa de los vientos.
¿Que si tengo algún control o propósito sobre mis fotos en el aire? En realidad, siempre calculo las cosas, pero con la fotografía es distinto, ella me calcula a mí. Yo veo algo, lo siento, tomo la foto y después me doy cuenta de por qué la tomé, es el instinto. O veo algunas líneas o diseño texturas y necesito tomarlas por alguna razón que después descubriré.
El diseño, la textura, el color: las suyas no son fotos de simple registro. Evelyn estudió pintura.
¿Que si eso influyó en mis perspectivas? De hecho, porque las cosas están en tres dimensiones y en un dibujo construyes en dos dimensiones sobre una hoja. Al tomar la foto es un sistema inverso: veo en tres dimensiones y ya sé de qué manera se ve mejor en dos, el ojo se educa.
Y luego estudió Arquitectura de Interiores. Las estructuras y las perspectivas se convirtieron en dos nubes-luz. Evelyn trabajó en el diseño de muebles y a los 22 años viajó a Suiza para trabajar en un proyecto que planeaba edificar 60 casas especiales frente al lago Lugano. Además de que convalidó cursos y se inscribió en una universidad para estudiar 'arquitectura pura'. Un día de aquellos en que el sol es un ojo mágico, su jefe le pidió que tomara las fotos de registro de condominios en las cinco principales ciudades de Suiza. Le dieron una Nikon digital y ella solo pensaba tomarlas en automático... Cuando regresó el jefe le dijo simplemente: "Esto es lo tuyo, deberías estudiar fotografía".
¿Que si esto cambió mi perspectiva? Pues sí, renuncié, agarré mis cosas y me fui manejando a Barcelona, donde una amiga fotógrafa, Alejandra Descovich, me dijo: vente, yo te enseño, la mejor forma de aprender es irnos de viaje. Y nos fuimos a Marruecos un mes, desde Casablanca al Sahara, donde ocurre la maravilla que cierras los ojos y escuchas el mar en pleno desierto. Y nos pasó de todo, terminé intercambiando mis zapatillas y mi correa para seguir viajando y tomando fotos.
Cuando se le venció la visa retornó a Lima con la certidumbre de que la fotografía la hacía ver la luz. Y fue aquí que buscando de nuevo el mar se encontró volando por los aires. Pero el mar tomaba otro giro: las olas eran crayolas, de pronto tenían sombras que parecían tsunamis, bocanadas, fogatas líquidas. Y su sentido plástico se puso al servicio del instante errante: podía retratar el movimiento impredecible de la naturaleza junto al movimiento de los grupos humanos. También impredecibles: desde los asentamientos humanos de Conchán hasta dos diminutos amantes fugitivos besándose en un inmenso arenal.
Evelyn volaba todos los días, entrenaba en Pachacámac y 'era fuga' constante: su parapente y su cámara --en tándem con su maestro-- sobrevolaban alguna naturaleza intacta de Paracas o la invasión de Nuevo Ayacucho en Chincha.
¿Que si después de tanta costa no me provocó irme a la sierra? Pues sí me fui a Canchaque, un pueblo de la sierra de Piura que cumplía 100 años. Era un sitio muy difícil, con muchas montañas. Con mi grupo estábamos acostumbrados a espacios abiertos con viento dinámico: en la costa el viento viene desde el mar y choca contra la ladera y es esta L que hace el viento la que permite que te quedes suspendido allí. Eso es vuelo dinámico. Pero en la sierra hay vuelos térmicos porque no hay laderas sino montañas y el viento entra por donde quiere entrar... y se forman remolinos de aire caliente que son las térmicas, los insectos se quedan allí y las aves siempre van a buscar los insectos, entonces cuando las aves están en círculo vamos donde están y subimos como ellas.
En Piura, tuve miedo, teníamos una pista de aterrizaje que era una canchita de fútbol, entre toda la maleza, porque no había nada más libre. Todos eran árboles, piedras, rocas, e hicimos una maniobra extrema... cuando aterrizamos una masa de niños nos decían: son pájaros, gracias por venir del cielo.
Después siguieron Tumbes y Huaraz; mientras hacía la fotografía estática de la película "Madeinusa", Evelyn se escapaba a volar por el Callejón de Huaylas. Luego fue al Cusco, pero las térmicas eran muy fuertes y estuvieron a punto de congelar a su pareja de vuelo en la altura. Y de nuevo el miedo: con el aire era como con el mar, que lo quiere, pero con temor reverenciado. Su arte-deporte consiste en un reto: superar todos sus miedos. Luego --buscando experiencias-- viajó a la China, donde se fascinó tomando los mercados con su mirada de Ícaro.
¿Que si quiero ir después a la selva? Por supuesto, mi proyecto es un libro sobre vuelos por todo el Perú, registrar el crecimiento urbano, las invasiones, las argollas de Lima, cómo se van viniendo hacia acá, como una variante para entender el comportamiento social, desde arriba. Yo tengo un fotógrafo francés que admiro, Yann Arthus-Bertrand, el maestro de la foto aérea, con exposiciones que van alrededor del mundo. Y lo que se puede hacer desde el aire es increíble, él ha hecho que la gente le tome cariño al planeta porque ha tomado fotos de todas las partes del mundo, de África, de Asia, tiene fotos de las líneas de Nasca también. Recuerdo mucho una foto de un mar con corales en forma de corazón. Logra sacar lo hermoso en lo común, que es lo que sueño yo.
¿Que Yann ha logrado lo hermoso en lo común?... ¿Y qué es lo hermoso en lo común?
Que el ochenta por ciento de las personas me digan que mi trabajo es 'photoshop' cuando todo es real... No sabes el gusto que me da.
Dejo link: http://www.elcomercioperu.com.pe/EdicionImpresa/Html/2007-01-12/ImEcCronicas0650018.html
FLor!..
lunes, 15 de enero de 2007
La mirada de un ave reina
En un parapente, Evelyn Merino-Reyna fotografía el mar, la naturaleza, los edificios, las invasiones, los lugares secretos, con perspectivas plásticas y ángulos sorprendentes. A sus 26 años, esta también surfista y jugadora de hockey sobre piso recorre costa y sierra.
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